Una fiesta peligrosa

Halloween, o la llamada “Noche de brujas” es una celebración de origen celta. En nuestro país comenzó como una actividad típica, pero poco a poco se fue convirtiendo en una celebración para todas las edades.

Un oscuro origen

En la antigüedad, los celtas celebraban a fines de octubre el Samhain, era su Año Nuevo. Esa noche, creían que el mundo de los muertos y el de los vivos se conectaban. El hecho de saber que los espíritus deambulaban por la tierra buscando un cuerpo que poseer, aterrorizaba a los que vivían allí, por eso se disfrazaban de muertos. Los sacerdotes druidas ofrecían sacrificios humanos y animales y se realizaban oraciones por los difuntos.

Además, se encendían hogueras en las que se quemaban los huesos de los sacrificados rindiendo culto al sol y buscando un año próspero.

“Truco o trato”

Los sacerdotes celtas se disfrazaban e iban casa por casa con calabazas rellenas con grasa humana para demandar en cada hogar una persona para ser sacrificada. Si la familia accedía al pedido, los druidas colocaban la “linterna” en la puerta de la casa para que los espíritus no le hicieran daño a esa familia, ese era el “trato”.

Pero si se rehusaban a entregar a alguien para el sacrificio, dibujaban en la puerta de la casa un hexagrama con sangre de un muerto que arrastraban consigo, ese era el “truco”. La casa que tenía esa señal era invadida por los espíritus que hacían que todos en la familia se volvieran locos o murieran de terror.

Durante años estas prácticas sangrientas fueron reemplazándose por otras actividades, por ejemplo, con el pedido de alimentos y dulces que se pretendían obtener al brindar algún espectáculo a los habitantes de una casa, así, los niños cantaban o recitaban una poesía para obtener el botín. Aunque las prácticas de los satanistas no cesan en esa fecha.

Una fiesta incompatible con Dios

El obispo Macedo señala que Halloween es una celebración que no tiene nada que ver con Dios: “Halloween es una fiesta de origen pagano. Para muchos cristianos, el dilema que se presenta es:

¿Debemos celebrar una fiesta cuyo argumento es la muerte? Y en cuanto a los más chicos, ¿hay algún problema en disfrazarlos ese día? La mejor respuesta para este asunto es que si seguimos los principios de Cristo, debemos tomar como base la Palabra de Dios: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio…”, (Hebreos 9:27).

Cuando alguien muere, su espíritu no puede revivir en el cuerpo de los vivos. El alma de la persona va al Reino de los Cielos o al infierno, de donde no podrá salir nunca más. Jesús, al contar la parábola del rico y el mendigo (Lucas 16:19-31), dejó claro que los muertos no pueden volver a la vida.

Por eso, sea vigilante y no deje que estas festividades lo engañen y lo hagan desagradar a Dios, pues: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación… ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor…”, (Deuteronomio 18:10-12).

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