Solo la Verdad puede ayudarnos a cambiar lo que está dentro.
Lo que sale de adentro nuestro es lo que está engendrado y arraigado en nosotras. Si la semilla no es buena, la raíz no lo será y mucho menos el fruto que daremos.
Los deseos que tenemos también forman raíces en nosotras. El fruto revela lo que llevamos dentro de verdad.
Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Mateo 7:17-18
Cuando el árbol es bueno, no fuerza un buen fruto, lo da de forma natural. Esta persona es la que verdaderamente nació de nuevo.
Quien no nace de Dios hace cambios por fuera y no por dentro, vive insatisfecha con lo que tiene y todo es un problema para ella.
Quien nace de Dios, puede no ser perfecta, pero la intención o su deseo no está inclinado hacia algo equivocado, ella busca la Verdad sin huir, porque es eso lo que le hará resolver sus problemas.
Cuando no nacemos de Dios, no tenemos condiciones para vencer los deseos contrarios a Él.
Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: «Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Lucas 3:8-10
El fruto de arrepentimiento es entender qué es lo que debemos cambiar y hacerlo, cambiarlo.
Si queremos a Jesús, debemos dar la cara. El precio a pagar es asumir y revelar quiénes somos.







