No seas ingenuo. Detrás de la fiesta hay influencias espirituales que no pueden ignorarse. Aprendé por qué el carnaval no es solo una simple celebración cultural
Para muchas personas, el carnaval es solo una fiesta cultural. Ellas ven ese período como una oportunidad de olvidarse de los problemas de la vida, divertirse y desahogarse al lado de los amigos.
Por eso, cuentan los días y se preparan para la llegada de la fiesta. Y, cuando finalmente comienza, se dejan llevar por la emoción. Cada canción parece abrazarlas y se envuelven por el ritmo, por las personas y quieren experimentar todo lo que puedan, como si las experiencias vividas se limitaran solo a esos pocos días.
La idea de que el carnaval se resume a pura diversión en las escuelas de samba y comparsas es una ilusión. Detrás del brillo y de los disfraces, hay algo mucho más serio y profundo. Esta visión ignora lo que sucede más allá de la superficie de la fiesta.
La fiesta del carnaval, para algunos historiadores, se originó hace dos mil años antes de Cristo en Egipto, con los cultos a la diosa Isis y al dios Osiris; otros alegan que tuvo inicio con las fiestas populares en honor a los dioses paganos Baco y Saturno. En Roma, por ejemplo, se realizaban los bacanales, fiestas excedidas en vino y orgías, en homenaje al Baco, un dios asociado a la fertilidad. De esta manera, las celebraciones estaban repletas de erotismo y de una alegría fomentada por la embriaguez y por la falta de límites.
El carnaval y la religión
Debido a su origen pagano y al carácter frecuentemente obsceno de sus prácticas, la relación entre la Iglesia Romana y el carnaval nunca fue armoniosa. Sin embargo, la conexión de esa fiesta con el pueblo romano se volvió tan fuerte que la iglesia optó por tolerarla en lugar de suprimirla. Así, en el siglo XV, la llamada “fiesta de la carne” erminó siendo incorporada al calendario eclesiástico, y fue oficialmente reconocida como el periodo que antecede a la abstinencia de la carne exigida por la Cuaresma (periodo de 40 días antes de la Pascua).
El carnaval, rotulado como “el mayor espectáculo de la Tierra”, ha revelado, en los últimos años, una faceta cada vez más explícita de degradación moral y espiritual. Enredos de escuelas de samba ya causaron polémica al retratar figuras centrales de la fe cristiana de modo ofensivo, mientras que canciones y presentaciones cargadas de peticiones sexuales y violencia pasan a incomodar incluso a participantes de la fiesta.
No hay neutralidad en el carnaval. Lo que antes era velado, hoy es declarado. Los desfiles no son solo un espectáculo, sino parte de una estructura espiritual
organizada. Elementos como canciones, tambores, trajes y danzas evidencian prácticas contrarias a los principios bíblicos y exaltan lo que proviene del diablo.
No es casualidad que durante ese periodo se rompan los límites, se normalicen los excesos y se descarten los valores morales. Si observamos, hay una manifestación explícita de las obras de la carne: adulterio, prostitución, impureza, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, ira, contiendas, disensiones, herejías, celos, asesinatos, engaños y cosas semejantes. La Biblia, a su vez, deja claro que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios (Gálatas 5:19-21).
Recordá: el carnaval es un evento que antecede a la Pascua, que es el marco de todo el sacrificio de Jesús que libera al hombre de todo pecado. Por lo tanto, ¿cómo participar de algo que exalta justamente lo que es necesario liberarse?
No seas ingenuo. El carnaval es algo espiritual y conocer de hecho lo que este periodo representa es esencial, principalmente para el que se dice cristiano. Comprender los efectos de esta fiesta permite decidir conscientemente no participar de prácticas incompatibles con los principios de la fe bíblica.







