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Home»Obispo Macedo»La gloria de los hijos
Obispo Macedo

La gloria de los hijos

20/09/20170222 mins de lectura
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Los hijos nacen de la relación conyugal de los padres. Son naturales, siguen la Ley de la Naturaleza.Pero, los hijos de Dios no nacen de la Ley de la Naturaleza, nacen de la fe en el Señor Jesús, en cooperación con el Espíritu Santo.

No basta creer en Jesús y no haber tenido una experiencia con Su Espíritu.

Por ejemplo, usted lee este texto y no comprende su mensaje. Eso sucede porque el entendimiento de las cosas espirituales exige espiritualidad.

Esa espiritualidad solo es posible con la interferencia Personal del Espíritu Santo. De lo contrario, no hay comprensión.

De la misma forma ocurre la aceptación de Jesús como Señor y Salvador. Si no existe el toque del Espíritu Santo, no hay cómo nacer de Dios.

El nacimiento del hijo de Dios se da en una triangulación entre el ser humano, el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo.

Cuando la persona reconoce a Jesús como Señor de su vida y abandona a sus pecados para siempre, entonces es lavada con la Sangre que Él derramó allá en la cruz.

Una vez purificada, el Espíritu Santo pasa a habitar en su cuerpo, tornándolo Su Templo. A partir de entonces, ella se torna una nueva criatura.

Pensamientos, entendimiento, corazón, visión, todo, todo, todo cambia en su interior. La manera de pensar, de ser y de actuar difiere completamente de lo que ella era.

Complejos de inferioridad, traumas experimentados, rencores y resentimientos desaparecen como humo, sin dejar vestigios.
Ella absorbe el carácter de Dios, Su imagen. Se torna una nueva mujer o un nuevo hombre.

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