Tener acceso al legado, a la Palabra, a la herencia y a las promesas de Dios depende de esto: que permitas que el Espíritu Santo te guíe conforme a Su voluntad y a Su gobierno. La religión por sí sola no funciona, así que para disfrutar de una vida de calidad en esta Tierra, uno debe tener una mente guiada por Él.
Sin embargo, no busquéis servirle con el fin de cumplir una obligación o con la intención de obtener vuestro propio beneficio, como hacen muchos. Preocúpese por someterse a Su gobierno, como instruye el Señor Jesús en Mateo 6.33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Aquellos que de esta manera lo priorizan, además de tener sus necesidades físicas suplidas por el Altísimo, también son llenos de Su Espíritu, porque la sed de su alma no es de religión, sino de conocer Su Reino y Su justicia (Juan 7.37).
La promesa de Dios no termina ahí. Leemos en Juan 7:38: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Esto significa que, una vez que te conviertes en manantial que brota, el Espíritu Santo te da la Fe necesaria para servirle, no con obras de caridad, porque cualquiera es capaz de hacerlas, sino a través de tu carácter, santificando Su Nombre. Por lo tanto, abandona el deseo de recibir bendiciones materiales y haz de la voluntad de Dios para tu vida tu meta. Sed de Su Reino.
Obispo Edir Macedo