Una oportunidad para volver a casa, reencontrarse con Dios y comenzar de nuevo.
En la parábola del hijo pródigo, registrada en Lucas 15:11-32, Jesús presenta la historia de un joven que decidió dejar la casa de su padre para seguir su propia voluntad. Después de gastar todos sus bienes y enfrentar una situación de extrema necesidad, se detuvo a pensar en el camino que había tomado.
Ese momento marcó un cambio. En lugar de culpar a otras personas por lo que estaba viviendo, reconoció su propio error y tomó una decisión: volver a la casa de su padre.
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
Lucas 15:18
La decisión de alejarse de la casa del padre tuvo consecuencias, pero su historia también muestra el valor de la humildad para reconocer los propios errores.
Cuando una persona deja de justificar sus decisiones, reconoce su condición y se dispone a cambiar, comienza un verdadero proceso de arrepentimiento y transformación.
El padre de la parábola no obligó a su hijo a quedarse. Respetó su decisión de irse y, cuando decidió regresar, estuvo dispuesto a recibirlo nuevamente.
De la misma manera, Dios respeta las decisiones de cada persona, pero permanece con los brazos abiertos para recibir a quien reconoce sus errores y decide volver a Él.
Por eso, el propósito del Domingo del Reencuentro no es recuperar posiciones o funciones dentro de la iglesia, sino ayudar a quienes desean volver a Dios y reencontrarse con el primer amor.
Nadie tiene que permanecer lejos por los errores que cometió. Así como el hijo pródigo “volvió en sí” y decidió regresar, cada persona puede reconocer su condición, dejar de lado el orgullo y volver sinceramente al Padre.
El próximo domingo 30 de agosto será el Domingo del Reencuentro, especialmente a las 9:30 h, en todos los Templos de la Universal.
Otros horarios: 7 h, 15 h y 18 h.







